1208 – Casa IV

La casa IV es una ampliación de una vivienda unifamiliar aislada ubicada en el campo de Elche, de clima cálido-húmedo.
Se acotan los espacios exteriores a través del nuevo volumen transversal que responde a una buena respuesta climatológica gracias a su eje de norte-sur. La estructura (a través de cuatro muros y cuatro bóvedas) es la que define las estancias, la atmósfera, la construcción y rompe el límite interior-exterior.

Habitar bajo una nueva sombra

Un nuevo espacio, cobijado por un manto abovedado, da nueva vida a esta vivienda ubicada en el campo ilicitano -en los alrededores de la ciudad de Matola (Elche)- de clima cálido-húmedo y de paisaje árido y luminoso.

El trabajo realizado por el estudio de arquitectura MESURA no se limita a responder al encargo de proyectar un gran espacio exterior cubierto para eventos, una nueva habitación y una sala polivalente, sino que va más allá.

A partir de una reinterpretación de la tradición constructiva, se define una estrategia clara y audaz. Su claridad y su audacia radican en un sistema unitario de cubierta que rompe la tradicional jerarquía entre los espacios interiores y exteriores, y en el hecho de confiar la atmósfera, la calidez de la luz y el confort de cada lugar a la calidad de los muros de cerámica, que actuan como una suerte de filtro, de interfaz, con el usuario (tanto de abrigo como de textura) y como organizadores de los espacios.

Entender el entorno

La primera intención que guía el proyecto es acotar los espacios exteriores a través de un nuevo volumen construido que genera una triangulación con la casa y con la piscina existentes.

De esta manera, se separan físicamente los espacios vividos de los espacios íntimos, en relación con el clima, el asoleo, el campo visual, y respecto de la rica vegetación local existente. Un nuevo cobijo, bajo la sombra, que reorganiza todo el espacio.

El vacío como programa

El sistema en planta huye de la jerarquía interior-exterior y atribuye una importancia equivalente tanto a los espacios de uso definido como a los espacios de usos más aleatorios.

Una única cubierta, sólo interrumpida por la presencia de un árbol, que por su posición se erige en pivote del edificio, da unicidad al conjunto de la intervención.

Sin embargo, la respuesta estructural no es la misma en todo el perímetro longitudinal. Si bien en el lado noroeste las bóvedas descansan de forma natural, en el lado sureste (más ligado al uso de la casa preexistente) se mantienen ostensiblemente suspendidas de una colosal viga que permite habilitar un enorme espacio –de uso indeterminado y, por consiguiente, flexible– que sustenta y abre la posibilidad de una nueva vida para todo el solar.

Humanizar el espacio

La estrategia radical del proyecto está también al servicio –no ya de las medidas antropomórficas del hombre– sino del uso del espacio; del usuario en genérico y del cliente en particular.

No responde pues a una voluntad de modular respecto a proporciones intelectualmente elevadas sino que se propone  sistematizar para cumplir mejor con las expectativas de quién, por definición, es el destinatario de la arquitectura.

De la pieza material al proyecto

La pieza cerámica da una respuesta constructiva óptima al esquema murario planteado en el proyecto. Además de ser uno de los sistemas constructivos locales, a nivel material, dota a los espacios de una atmosfera singularmente confortable.

En colaboración con los ceramistas de una bóbila local, se hacen varios estudios y sesiones de trabajo para realizar una pieza cerámica capaz de abrazar los distintos factores que confluyen en el proyecto: una pieza extremadamente horizontal, de cocción manual, con textura diforme, cambiante, árida e irregular.

Del mismo modo que la proporción de la pieza responde a la dimensión del paramento, el aparejo de formación flamenca responde al empleo de un solo formato de pieza, sin mermas ni piezas especiales.

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1208 – Casa IV

1208 – Casa IV

La casa IV es una ampliación de una vivienda unifamiliar aislada ubicada en el campo de Elche, de clima cálido-húmedo.
Se acotan los espacios exteriores a través del nuevo volumen transversal que responde a una buena respuesta climatológica gracias a su eje de norte-sur. La estructura (a través de cuatro muros y cuatro bóvedas) es la que define las estancias, la atmósfera, la construcción y rompe el límite interior-exterior.

Habitar bajo una nueva sombra

Un nuevo espacio, cobijado por un manto abovedado, da nueva vida a esta vivienda ubicada en el campo ilicitano -en los alrededores de la ciudad de Matola (Elche)- de clima cálido-húmedo y de paisaje árido y luminoso.

El trabajo realizado por el estudio de arquitectura MESURA no se limita a responder al encargo de proyectar un gran espacio exterior cubierto para eventos, una nueva habitación y una sala polivalente, sino que va más allá.

A partir de una reinterpretación de la tradición constructiva, se define una estrategia clara y audaz. Su claridad y su audacia radican en un sistema unitario de cubierta que rompe la tradicional jerarquía entre los espacios interiores y exteriores, y en el hecho de confiar la atmósfera, la calidez de la luz y el confort de cada lugar a la calidad de los muros de cerámica, que actuan como una suerte de filtro, de interfaz, con el usuario (tanto de abrigo como de textura) y como organizadores de los espacios.

Entender el entorno

La primera intención que guía el proyecto es acotar los espacios exteriores a través de un nuevo volumen construido que genera una triangulación con la casa y con la piscina existentes.

De esta manera, se separan físicamente los espacios vividos de los espacios íntimos, en relación con el clima, el asoleo, el campo visual, y respecto de la rica vegetación local existente. Un nuevo cobijo, bajo la sombra, que reorganiza todo el espacio.

El vacío como programa

El sistema en planta huye de la jerarquía interior-exterior y atribuye una importancia equivalente tanto a los espacios de uso definido como a los espacios de usos más aleatorios.

Una única cubierta, sólo interrumpida por la presencia de un árbol, que por su posición se erige en pivote del edificio, da unicidad al conjunto de la intervención.

Sin embargo, la respuesta estructural no es la misma en todo el perímetro longitudinal. Si bien en el lado noroeste las bóvedas descansan de forma natural, en el lado sureste (más ligado al uso de la casa preexistente) se mantienen ostensiblemente suspendidas de una colosal viga que permite habilitar un enorme espacio –de uso indeterminado y, por consiguiente, flexible– que sustenta y abre la posibilidad de una nueva vida para todo el solar.

Humanizar el espacio

La estrategia radical del proyecto está también al servicio –no ya de las medidas antropomórficas del hombre– sino del uso del espacio; del usuario en genérico y del cliente en particular.

No responde pues a una voluntad de modular respecto a proporciones intelectualmente elevadas sino que se propone  sistematizar para cumplir mejor con las expectativas de quién, por definición, es el destinatario de la arquitectura.

De la pieza material al proyecto

La pieza cerámica da una respuesta constructiva óptima al esquema murario planteado en el proyecto. Además de ser uno de los sistemas constructivos locales, a nivel material, dota a los espacios de una atmosfera singularmente confortable.

En colaboración con los ceramistas de una bóbila local, se hacen varios estudios y sesiones de trabajo para realizar una pieza cerámica capaz de abrazar los distintos factores que confluyen en el proyecto: una pieza extremadamente horizontal, de cocción manual, con textura diforme, cambiante, árida e irregular.

Del mismo modo que la proporción de la pieza responde a la dimensión del paramento, el aparejo de formación flamenca responde al empleo de un solo formato de pieza, sin mermas ni piezas especiales.