1735 – Can Llimona

Reforma de una masía y posterior casa Modernista en Alella, Barcelona.
Rural, modernista y racional.

Una construcción con carácter arquitectónico de interés segregable en varias partes con un gran jardín común, era lo que buscaban Lluís Clotet y José Antonio Martínez La Peña a finales de los años ochenta para vivir. El resultado de la búsqueda fue encontrar una majestuoso “palacete” en Alella, que consta de una antigua Masia del año 1778 reformada y ampliada en una gran casa Modernista el año 1909. Tras el hallazgo, se segregó por plantas la casa, haciendo que cada inquilino dispusiera de una planta.

En 1992 se hizo una reforma por parte de los arquitectos con una clara vocación de respeto a la arquitectura original, generando nuevos espacios más abiertos y polivalentes a través de una intervención que liga los espacios con un zócalo a cota 2,20m.

25 años después de la intervención, la familia Iborra-Wicksteed encuentra en la planta baja de la finca modernista sus principales necesidades para su nuevo hogar: Una vivienda en una sola planta; un gran jardín donde poder pasear y cultivar un huerto; y un espacio rico a nivel arquitectónico. La problemática que nos encontramos es la de que la actual reforma corresponde a una vivienda para una familia, mientras que lo que se busca ahora es una vivienda para una sola pareja. Esto abre un abanico de nuevas posibilidades espaciales gracias a su nuevo uso y la exigencia de generar una enorme master bedroom.

El proyecto trata la casa existente desde el profundo respeto, entendiendo a fondo sus tres grandes singularidades formales: la casa rural (con sus grandes muros en esvástica); la casa modernista (con sus techos altos y su grandes espacios transversales); y la intervención realizada en el año 1992 (que abre más los espacios comunes, y los liga con una zócalo de 2.20m).

Respirar espacios generosos será el primer gran objetivo, después de un profundo estudio de la arquitectura existente para poder así resaltar la esencia del lugar.

En el estado actual a el proyecto de reforma, la masía y la casa modernista son tratados de manera diferente a nivel formal y material. Para poder dar uniformidad a la nueva vivienda, lo primero que se plantea es romper este esquema, ligando los dos “mundos” a través de la formalización de una nueva intervención adecuada a las nuevas necesidades. Para ello, una gran muralla longitudinal continua entrelaza la estructura de franjas de la casa modernista de techos altos, con la estructura en esvástica de dos plantas de la antigua masía. Muralla que se extiende en los dos ejes estructurales y en las tres alturas existentes. Dicha muralla separa dos mundos, el de la vida de día y el de la vida nocturna con los servicios como rotula entre ellos. La muralla será el separador, pero también (y con más importancia) el conector transversal que generará nuevos espacios inéditos a través de su permeabilidad con grandes puertas que recuerdan a las señoriales puertas noucentistas.

La atmósfera, acogedora y señorial, se basa en tres nobles materiales originales de la casa modernista: la piedra, la madera y el estucado. Esta idea se lleva al límite en los materiales y formas plantadas: grandes espacios blancos con cortinas verticales y suelo de piedra; habitaciones con acabado estucado (original de la casa modernista y perdida en la reforma del 92) oscuro con suelo de madera; Un monolito de piedra como isla de cocina; muros de piedra vistos entre el vapor de una piscina interior…

La intervención moderna, de vuelta a los orígenes modernistas y rurales de la imponente finca, da cabida a las nuevas necesidades del inquilino a través de un muro longitudinal permeable que abre por primera vez la transversalidad de los espacios.

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1735 – Can Llimona

1735 – Can Llimona

Reforma de una masía y posterior casa Modernista en Alella, Barcelona.
Rural, modernista y racional.

Una construcción con carácter arquitectónico de interés segregable en varias partes con un gran jardín común, era lo que buscaban Lluís Clotet y José Antonio Martínez La Peña a finales de los años ochenta para vivir. El resultado de la búsqueda fue encontrar una majestuoso “palacete” en Alella, que consta de una antigua Masia del año 1778 reformada y ampliada en una gran casa Modernista el año 1909. Tras el hallazgo, se segregó por plantas la casa, haciendo que cada inquilino dispusiera de una planta.

En 1992 se hizo una reforma por parte de los arquitectos con una clara vocación de respeto a la arquitectura original, generando nuevos espacios más abiertos y polivalentes a través de una intervención que liga los espacios con un zócalo a cota 2,20m.

25 años después de la intervención, la familia Iborra-Wicksteed encuentra en la planta baja de la finca modernista sus principales necesidades para su nuevo hogar: Una vivienda en una sola planta; un gran jardín donde poder pasear y cultivar un huerto; y un espacio rico a nivel arquitectónico. La problemática que nos encontramos es la de que la actual reforma corresponde a una vivienda para una familia, mientras que lo que se busca ahora es una vivienda para una sola pareja. Esto abre un abanico de nuevas posibilidades espaciales gracias a su nuevo uso y la exigencia de generar una enorme master bedroom.

El proyecto trata la casa existente desde el profundo respeto, entendiendo a fondo sus tres grandes singularidades formales: la casa rural (con sus grandes muros en esvástica); la casa modernista (con sus techos altos y su grandes espacios transversales); y la intervención realizada en el año 1992 (que abre más los espacios comunes, y los liga con una zócalo de 2.20m).

Respirar espacios generosos será el primer gran objetivo, después de un profundo estudio de la arquitectura existente para poder así resaltar la esencia del lugar.

En el estado actual a el proyecto de reforma, la masía y la casa modernista son tratados de manera diferente a nivel formal y material. Para poder dar uniformidad a la nueva vivienda, lo primero que se plantea es romper este esquema, ligando los dos “mundos” a través de la formalización de una nueva intervención adecuada a las nuevas necesidades. Para ello, una gran muralla longitudinal continua entrelaza la estructura de franjas de la casa modernista de techos altos, con la estructura en esvástica de dos plantas de la antigua masía. Muralla que se extiende en los dos ejes estructurales y en las tres alturas existentes. Dicha muralla separa dos mundos, el de la vida de día y el de la vida nocturna con los servicios como rotula entre ellos. La muralla será el separador, pero también (y con más importancia) el conector transversal que generará nuevos espacios inéditos a través de su permeabilidad con grandes puertas que recuerdan a las señoriales puertas noucentistas.

La atmósfera, acogedora y señorial, se basa en tres nobles materiales originales de la casa modernista: la piedra, la madera y el estucado. Esta idea se lleva al límite en los materiales y formas plantadas: grandes espacios blancos con cortinas verticales y suelo de piedra; habitaciones con acabado estucado (original de la casa modernista y perdida en la reforma del 92) oscuro con suelo de madera; Un monolito de piedra como isla de cocina; muros de piedra vistos entre el vapor de una piscina interior…

La intervención moderna, de vuelta a los orígenes modernistas y rurales de la imponente finca, da cabida a las nuevas necesidades del inquilino a través de un muro longitudinal permeable que abre por primera vez la transversalidad de los espacios.